Casi toda entrevista gira alrededor de las mismas preguntas. No es
falta de creatividad: cada una sirve para medir algo puntual. Si sabés qué están
midiendo, la respuesta se arma sola.
«Cuénteme de usted»
Mide: si sabés resumir y distinguir lo importante.
Un minuto y medio, tres partes: qué hacés hoy, qué hiciste antes que se relacione
con la vacante, y por qué te interesa este puesto. No es para contar dónde naciste.
«¿Por qué salió de su trabajo anterior?»
Mide: cómo hablás de tus jefes.
Nunca hables mal de la empresa anterior, aunque tengás razón. El entrevistador va a
suponer que hablarías igual de él. Enfocalo en lo que buscás ahora.
«¿Cuál es su mayor debilidad?»
Mide: si podés verte con honestidad.
«Soy perfeccionista» no la cree nadie. Elegí algo real y contá qué estás haciendo
al respecto: «me costaba hablar en público, así que este año pedí presentar los
reportes del área y ya lo hago sin problema».
«¿Qué expectativa salarial tiene?»
Mide: si encajás en el presupuesto.
Averiguá antes cuánto se paga ese puesto en Guatemala. Respondé con un rango, no
con una cifra exacta, y aclará que depende del paquete completo: bono 14, aguinaldo,
prestaciones y beneficios cambian bastante el total.
«¿Cómo se ve en cinco años?»
Mide: si vas a quedarte.
No prometas ser gerente. Hablá de crecer dentro del área y de aprender algo
concreto. Lo que preocupa a la empresa es que te vayas en tres meses.
«Cuénteme de un problema que resolvió»
Mide: cómo actuás bajo presión.
Tres frases: cuál era la situación, qué hiciste vos, cómo terminó. Que se entienda
tu papel, no el del equipo.
«¿Tiene preguntas?»
Mide: si de verdad te interesa.
Decir que no es la forma más rápida de parecer desinteresado. Llevá dos: cómo se
mide el éxito en el puesto, o cómo sería el primer mes.
Lo que se evalúa sin preguntarlo
Llegar a tiempo, saludar a quien te recibe, apagar el celular, escuchar la pregunta
completa antes de contestar. Pesa igual que las respuestas y es lo más fácil de
controlar.